En nuestro país cada día, y en gran medida debida a la cría poco responsable, nacen muchos más perros y gatos que personas. Es decir que, en definitiva, no hay suficiente número de hogares disponibles para acogerlos a todos ellos. Muchos acaban siendo abandonados, o si tienen suerte acogidos en algún refugio, que los mantiene hasta que alguien decide adoptarlos, salvándoles así de un destino incierto, y dejando plaza para otro animal.
Aunque la regulación sobre la eutanasia está contemplada en muchas comunidades autónomas en otras no corren la misma suerte, y muchos son todavía eutanasiados por falta de hogares que los acojan. Por esta razón, es conveniente antes de comprar un animal de pura raza, criado durante décadas por su selección estética y muchas veces con sistemas inmunitarios alterados, es preferible adoptar a un animal de algún centro de acogida, para salvar así dos vidas (la del que sale, y la del que puede entrar en su lugar). Además de ser animales que se entregan controlados sanitariamente, disponen de microchips, están vacunados y desparasitados, y lo que es muy importante, esterilizadas las hembras y castrados los machos.
De esta manera tan sencilla, se previene la superpoblación de animales que de otra manera no tendrían un destino mejor. Por otra parte, cuando adoptamos animales en lugar de comprarlos, podemos destinar el importe de su compra para cuidar debidamente a nuestro animal, y dedicarlo a una correcta alimentación y cuidados.
La cría no controlada en domicilios particulares, además de no estar legalmente permitida, puede suponer un problema para la persona, para los animales que difícilmente hallarán un hogar, además de un riesgo sanitario potencial para las comunidades de vecinos.
En resumen, por cada casa que se le encuentra a cada animal de compra, se pierde un hogar para un animal de centro de acogida. Decir por último, que el mayor gesto que podemos realizar para prevenir la crueldad hacia los animales y prevenir la superpoblación es adoptarlos esterilizados o castrados en un centro de acogida, o practicarle dicha la intervención por un veterinario.

